El Tiempo Ordinario es el período más extenso del Año Litúrgico de la Iglesia. No es un tiempo “menor” ni de transición, como a veces se piensa erróneamente, sino el tiempo de la vida cristiana cotidiana, donde la fe se vive sin grandes solemnidades, pero con profundidad y constancia.

Se llama “ordinario” no porque sea rutinario o irrelevante, sino porque se organiza según el orden (ordo) de las semanas, numeradas progresivamente.

¿Cuándo se vive el Tiempo Ordinario?

El Tiempo Ordinario se divide en dos etapas:

  1. Desde el lunes después de la fiesta del Bautismo del Señor hasta el inicio de la Cuaresma.
  2. Desde el lunes después de Pentecostés hasta el inicio del Adviento.

En total, puede abarcar hasta 34 semanas a lo largo del año.

Características principales del Tiempo Ordinario

1. Centralidad de la vida pública de Jesús

Durante este tiempo, la liturgia presenta de manera continua el ministerio de Jesús sus enseñanzas, milagros, parábolas, encuentros y opciones. No se celebra un misterio particular (como en Navidad o Pascua), sino el misterio total de Cristo vivido día a día.

2. El color litúrgico: el verde

El color verde simboliza:

  • Esperanza
  • Crecimiento
  • Perseverancia
  • Vida que madura lentamente

Es el color del discípulo que camina, del cristiano que crece en fidelidad.

3. La Palabra de Dios como eje

En el Tiempo Ordinario, la Iglesia ofrece una lectura semicontinua de los Evangelios, especialmente de Mateo, Marcos y Lucas (según el ciclo litúrgico).

Esto permite:

  • Conocer mejor a Jesús.
  • Escuchar su mensaje sin fragmentarlo.
  • Dejar que su Palabra forme criterios y actitudes.

Elementos importantes del Tiempo Ordinario

  • La escucha fiel de la Palabra domingo tras domingo.
  • La Eucaristía como alimento para la vida cotidiana.
  • La oración perseverante, incluso cuando no hay emociones fuertes.
  • La caridad concreta, vivida en lo simple y lo cercano.

¿Qué aporta el Tiempo Ordinario a la vida del cristiano?

El Tiempo Ordinario enseña que:

  • La santidad se construye en lo cotidiano.
  • La fe no se vive solo en momentos extraordinarios.
  • Dios actúa también en la rutina, el trabajo, la familia y el servicio.
  • Seguir a Cristo es un proceso, no un evento puntual.

Es el tiempo de hacer vida el Evangelio, sin aplausos, pero con fidelidad.

Una clave pastoral final

El Tiempo Ordinario nos recuerda que la vida cristiana no es una sucesión de fiestas, sino una historia de perseverancia, donde cada día cuenta y cada gesto tiene valor. Ahí, en lo ordinario, Dios sigue obrando.

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