Un doctor de la ley pregunta a Jesús: “¿Cuál es el mandamiento más importante?”
Jesús responde sin vacilar: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y al prójimo como a ti mismo.”

Este doble mandamiento no es una teoría. Es un camino de vida.
Amar a Dios no es solo orar, ni solo asistir a misa. Es ponerlo en el centro de todo.
Amar al prójimo no es un sentimiento pasajero. Es compromiso, servicio, perdón, compasión.

El amor es la medida de la fe. Sin él, todo lo demás —ritos, normas, estructuras— pierde sentido.
La Iglesia debe ser reconocida por su capacidad de amar a todos, especialmente a los últimos.

Aplicación pastoral:

Semana parroquial del amor activo: visitas, ayudas, reconciliaciones.

Reflexión sobre cómo se vive el amor en la familia, comunidad, trabajo.

Celebración del amor como esencia de Dios.

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