La fuerza de las imágenes, el influjo del Espíritu


Reza el dicho que «una imagen vale más que mil palabras». Las lecturas que hemos escuchado en este día nos son muy familiares. Dios permita que no ahoguemos el influjo del Espíritu Santo mientras las escuchemos al expresar “ya me lo sé, ya lo había leído”. Hay que dejar que la Palabra siga empapando la tierra (Cf. Is 55,10-11) y descubrir el fruto de su belleza en cada acontecimiento y etapa de nuestra vida.

Y hasta mientras las escuchábamos, como es el caso del evangelio, nos descubrimos visualizando el contenido de la misma de forma imaginativa. Las imágenes de la sal y de la luz vislumbran el horizonte de sentido al que está llamado a ser el ser cristiano, invitación de nuestro hermano y amigo, Jesús de Nazaret, que con la sabiduría proveniente de Dios y del conocimiento de su cultura, de su tierra, atrae al oyente de la Palabra y le hace tomar parte de su Buena Nueva.

Así es que, siguiendo a Jesús, Pablo se hace partícipe en dar testimonio de Dios. Su experiencia compartida desde el «temor y la debilidad» con la que se presentó en la comunidad de Corintos se apoya en «el poder de Dios» guiado por la inspiración del Espíritu. Apostó por este camino y no por una oratoria persuasiva, ni por los conceptos propios de los filósofos de Asia (Cf. 1Cor 2,1-5). Y es que en la sencillez del mensaje radica su grandeza y belleza y en una imagen se esconden mil palabras.

«Ustedes son la sal de la tierra …. ustedes son la luz del mundo»
Escuchar a Jesús y poner en práctica su mensaje sólo es posible si nos dejamos afectar por Él. La comparación que utiliza no posee desperdicio para aquellos que le seguimos. Esta muestra la vocación irradiante del cristiano en el medio del mundo.

De la sal se destaca que por sí sola, aislada, poco puede servir. Su arte radica en disolverse, en llegar a ser nada, para dar el toque al todo. Una aplicación en nuestra vida bien puede ser ilustrada en las tantas veces que salimos de cada uno de nosotros para darle cabida al otro. El Maestro Eckhart, referido a Dios, decía que, en esta salida del yo, en el deshacerse de lo suyo, allí Dios se manifiesta y entra con fuerza en el alma. Y también expresará que entra en nosotros en la medida que le dejamos espacio para que entre, ni más ni menos.

Por otra parte, advierte seriamente Jesús de un peligro: «Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?» Podemos perder la capacidad de dar sabor a este mundo por disímiles razones. Como bautizados estamos llamados a estar alertas y vigilantes para que cuando nos veamos negligentes o perezosos en nuestros quehaceres, responsabilidades, relaciones, etc., volvamos a administrar rectamente nuestros asuntos, como nos sugiere el salmo de este día.

De la luz podríamos decir lo mismo, oculta debajo del celemín, encerrada en sí, nada puede hacer. En medio de las tinieblas el justo brilla como luz, como nos dice el salmo. Y su valor esencial reside en el testimonio de las obras como asevera Jesús: «Brille así su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y alaben a nuestro Padre que está en los cielos». Nuestras obras deben mostrar el amor misericordioso de Dios por ti, por nosotros, por todo lo creado.

Elegimos ser sal y luz, como verdadera vocación cristiana, con y por Jesús
En definitiva, las imágenes de la sal y la luz sugieren vida, dinamismos, misión del cristiano. La oferta de la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, es primero, a ser conscientes y asumir dicha realidad en virtud de Cristo. Y segundo, a aprender a contemplar lo bello que existe en este mundo, comenzando por nosotros mismos, pero que no termina en cada uno si no que su plenitud alcanza al otro, a las criaturas y a Dios, en buscar la unión con Él, y se muestra en nuestras obras. Obras que disipen las tinieblas con las que lidiamos en la cotidianidad de la existencia y que den gusto y sentido a la vida en nuestra comunidad eclesial, en nuestra familia, y sociedad. De forma que se lleve a cabo la profecía del profeta

«Entonces surgirá tu luz como la aurora,

enseguida se curarán tus heridas,

ante ti marchará la justicia,

detrás de ti la gloria del Señor» (Is 58,8).

¡Que hagamos nuestro aquel canto que expresa inspirado en el evangelio!

«Que sea mi vida sal

Que sea mi vida la luz

Sal que sala, luz que brilla

Sal y fuego es Jesús».

Fr. Raisel Matanzas Pomares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar

Primera Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

“Yo estoy contigo todos los días” Queridos abuelos, queridas abuelas: “Yo estoy…

Los Ángeles Custodios

En la Biblia la palabra Ángel significa “Mensajero”, un espíritu purísimo que…

Ángeles custodios

Comunicado a la opinión pública