Triduo de adoración eucarística - Día 1

Jueves 3 de junio

«En la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo se ofrece a la piedad de los fieles el culto de tan salvífico Sacramento, para que celebren las maravillas de Dios significadas en él y realizadas por el misterio pascual, para que aprendan a participar en el sacrificio eucarístico y a vivir más intensamente de él, para que veneren la presencia de Cristo el Señor en este Sacramento y den las debidas acciones de gracias a Dios por los bienes recibidos.» (Ceremonial de los obispos n.385)
Estas palabras animan nuestro interés de celebrar, en la proximidad de la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo el próximo domingo 6 de junio, un Triduo de Adoración Eucarística suplicando por la Vida, la Reconciliación y la Paz de Colombia. Este Triduo preparatorio irá de jueves a sábado.
Durante estos tres días proponemos que en cada templo o capilla se abran las puertas del lugar durante el día, en la mañana y en la tarde, según las posibilidades y las condiciones presentes, para que los fieles se unan en oración delante de Jesús Sacramentado.
Para cada jornada del Triduo de Adoración Eucarística este subsidio ofrece las meditaciones para cada día –de la mañana y de la tarde-. En la mañana la meditación se basará en dos salmos, un himno eucarístico, un texto bíblico, unas palabras del Papa Francisco y unas aclamaciones. En las tardes la adoración eucarística desarrollará un tema específico (jueves: reunirnos y encontrarnos; viernes: adorar y pedir perdón; sábado: agradecer e interceder). Como tema transversal estará la súplica por la Vida, la Reconciliación y la Paz.
A estas celebraciones aquí propuestas le siguen aquellas que el sacerdote prepare con su comunidad, de modo que durante el día se favorezca una continua adoración al Señor.
Para al domingo proponemos un subsidio litúrgico para la celebración eucarística y otro para llevar a cabo una procesión por las calles del territorio parroquial (llamado “caminar y sanar”), adaptado a las circunstancias actuales y a las posibilidades de cada lugar, bendiciendo a los fieles con el Santísimo Sacramento, pidiendo la salud, la reconciliación y la paz para el país. De este
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modo, ponemos por obra lo dicho en el Ceremonial de los Obispos: «Como celebración peculiar de esta solemnidad está la procesión, nacida de la piedad de la Iglesia; en ella el pueblo cristiano, llevando la Eucaristía, recorre las calles con un rito solemne, con cantos y oraciones, y así rinde público testimonio de fe y piedad hacia este Sacramento. Es conveniente, por tanto, que donde las circunstancias lo permitan, y que en verdad pueda permanecer como signo de fe común y de adoración, se conserve y se fomente esta procesión.» (n.386).
Esta propuesta de la Coordinación de vida litúrgica y oración contiene algunos guiones y sugerencias para las celebraciones de estos días, para que los párrocos o capellanes preparen otros momentos en colaboración con los laicos, siempre con la intención de disponer los corazones para la celebración del Cuerpo y la Sangre de Cristo mediante el encuentro, la adoración, el perdón y la súplica.

Oración de la mañana para iniciar la adoración

Señor Jesús, la mañana nos recuerda tu predilección por salir a un lugar solitario al comenzar el día, para encontrarte con Dios Padre en la oración.
Con el salmista, en la mañana, proclamamos el deseo de escuchar tu gracia ya que confiamos en ti; indícanos el camino que debemos seguir, pues levantamos nuestras almas hacia ti, Señor.
Ante tu presencia, Jesús Eucaristía, reconocemos que tú eres el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador, el Pan bajado del cielo.
Te adoramos con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias.
A Ti se someten nuestros corazones por completo, y se rinden totalmente al contemplarte.
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza.
Creemos todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
Nada es más verdadero que esta palabra de verdad.
En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; creemos y confesamos ambas cosas,
y pedimos lo que pidió aquel ladrón arrepentido.
No vemos las llagas como las vio Tomás pero confesamos que eres nuestro Dios: haz que creamos más y más en Ti, que en Ti esperemos y que te amemos.
¡Oh memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a nuestras almas que de Ti vivan y que siempre saboreen tu dulzura.
Señor Jesús, bondadoso pelícano, límpianos, inmundos, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

Salmo 110 – GRANDES SON LAS OBRAS DEL SEÑOR

Ant 1. El Señor es clemente, él da alimento a sus fieles en memoria de sus maravillas.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.
Esplendor y belleza son su obra, su generosidad dura por siempre; ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente.
Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su poder, dándoles la heredad de los gentiles.
Justicia y verdad son las obras de sus manos, todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.
Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza, su nombre es sagrado y temible.
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor, tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno eucarístico (fragmento I)

Ant 1. El Señor es clemente, él da alimento a sus fieles en memoria de sus maravillas.

Publica, lengua, y canta
el misterio del cuerpo glorioso
y de la sangre santa
que dio por mi reposo
el fruto de aquel vientre generoso.
A todos nos fue dado,
de la Virgen purísima María por todos engendrado;
y mientras acá vivía
su celestial doctrina esparcía.
De allí en nueva manera
dio fin maravilloso a su jornada la noche ya postrera,
la noche deseada,
estando ya la cena aparejada.
Convida a sus hermanos,
y, cumplida la sombra y ley primero, con sus sagradas manos
por el legal cordero
les da a comer su cuerpo verdadero.

Salmo 147 – RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN

Ant 2. El Señor da la paz a su Iglesia, la sacia con flor de harina.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza;
hace caer el hielo como migajas y con el frío congela las aguas; envía una orden, y se derriten; sopla su aliento, y corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno eucarístico (fragmento II)

Ant 2. El Señor da la paz a su Iglesia, la sacia con flor de harina.

Aquella criadora
Palabra, con palabra, sin mudarse,
lo que era pan, ahora
en carne hace tornarse
y el vino en propia sangre trastornarse.
Y puesto que el grosero
sentido se acobarda y desfallece, el corazón insano
por eso no enflaquece,
porque la fe le anima y favorece.
Honremos pues, echados
por tierra, tan divino sacramento, y queden desechados,
pues vino el cumplimiento,
los ritos del antiguo Testamento.
Y si el sentido queda
pasmado de tan alta y nueva cosa, lo que él no puede pueda,
ose lo que él no osa,
la fe determinada y animosa.
¡Gloria al Omnipotente,
y al gran Engendrador y al Engendrado, y al inefablemente
de entrambos inspirado
igual loor, igual honor sea dado! Amén.

De la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (10, 16-17)

El cáliz bendito que consagramos es la comunión de la sangre de Cristo; y el pan que partimos es la comunión del cuerpo del Señor. Y, puesto que es un solo Pan, somos todos un solo cuerpo; ya que todos participamos de ese único pan.
Pregunta para meditar en silencio durante unos minutos:
El pan consagrado que comemos es comunión del cuerpo de Cristo, ¿Qué podemos hacer
para que sea más visible esa comunión entre nosotros?

Meditación

La eucaristía sana nuestra memoria enferma

Recordemos lo que nos decía el Papa Francisco en la celebración del Corpus Christi el año pasado:
«Dios sabe lo difícil que es, sabe lo frágil que es nuestra memoria, y por eso hizo algo inaudito por nosotros: nos dejó un memorial. No nos dejó sólo palabras, porque es fácil olvidar lo que se escucha. No nos dejó sólo la Escritura, porque es fácil olvidar lo que se lee. No nos dejó sólo símbolos, porque también se puede olvidar lo que se ve. Nos dio, en cambio, un Alimento, pues es difícil olvidar un sabor. Nos dejó un Pan en el que está Él, vivo y verdadero, con todo el sabor de su amor. Cuando lo recibimos podemos decir: “¡Es el Señor, se acuerda de mí!”. Es por eso que Jesús nos pidió: «Haced esto en memoria mía» (1 Cor. 11,24). Haced: la Eucaristía no es un simple recuerdo, sino un hecho; es la Pascua del Señor que se renueva por nosotros. En la Misa, la muerte y la resurrección de Jesús están frente a nosotros. Haced esto en memoria mía: reuníos y como comunidad, como pueblo, como familia, celebrad la Eucaristía para que os acordéis de mí. No podemos prescindir de ella, es el memorial de Dios. Y sana nuestra memoria herida.»
V. Bendito, alabado y adorado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. R. Sea para siempre bendito y alabado.
Tiempo prolongado para la adoración en silencio.

Aclamaciones a Jesús Eucaristía

Ten misericordia de nosotros, Señor.

1. Jesús Eucaristía, plenitud del amor que sostiene a cuantos lo han dejado todo por seguirte y anunciarte.
2. Jesús Eucaristía, a quien pedimos envíes pastores que apacienten el pueblo que te celebra como pastor y guía.
3. Jesús Eucaristía, Pan de vida de los que han sido redimidos en la gracia del Bautismo.
4. Jesús Eucaristía, Alimento de los reconciliados.
5. Jesús Eucaristía, fortaleza de los que han vencido al pecado.
6. Jesús Eucaristía, Viático de los enfermos Ungidos con el aceite del consuelo y la esperanza.
7. Jesús Eucaristía, en cuya presencia nacen y se alimentan las nuevas familias bendecidas con la gracia del Matrimonio Sacramental.
8. Jesús Eucaristía, que con tu presencia nos deleitas y nos anticipas el banquete celestial hacia el que camina la Iglesia.
9. Jesús Eucaristía, que fuiste alimento de los que ahora aguardan la resurrección final.
10. Jesús Eucaristía, Nacido de María, la madre inmaculada, la Virgen Fiel.
11. Jesús Eucaristía, que te encarnaste en el Seno Virginal de María, peregrina de la fe y primicia de los bienaventurados.
12. Jesús Eucaristía, celebrado con amor por la Iglesia.
13. Jesús Eucaristía, adorado en el secreto y silencio orante de todos los Sagrarios del mundo

Aclamaciones a Jesús Eucaristía

Ten misericordia de nosotros, Señor.

1. Jesús Eucaristía, plenitud del amor que sostiene a cuantos lo han dejado todo por seguirte y anunciarte.
2. Jesús Eucaristía, a quien pedimos envíes pastores que apacienten el pueblo que te celebra como pastor y guía.
3. Jesús Eucaristía, Pan de vida de los que han sido redimidos en la gracia del Bautismo.
4. Jesús Eucaristía, Alimento de los reconciliados.
5. Jesús Eucaristía, fortaleza de los que han vencido al pecado.
6. Jesús Eucaristía, Viático de los enfermos Ungidos con el aceite del consuelo y la esperanza.
7. Jesús Eucaristía, en cuya presencia nacen y se alimentan las nuevas familias bendecidas con la gracia del Matrimonio Sacramental.
8. Jesús Eucaristía, que con tu presencia nos deleitas y nos anticipas el banquete celestial hacia el que camina la Iglesia.
9. Jesús Eucaristía, que fuiste alimento de los que ahora aguardan la resurrección final.
10. Jesús Eucaristía, Nacido de María, la madre inmaculada, la Virgen Fiel.
11. Jesús Eucaristía, que te encarnaste en el Seno Virginal de María, peregrina de la fe y primicia de los bienaventurados.
12. Jesús Eucaristía, celebrado con amor por la Iglesia.
13. Jesús Eucaristía, adorado en el secreto y silencio orante de todos los Sagrarios del mundo

Súplica por Colombia

Señor, que comunicaste tu paz a los discípulos el día de la resurrección, renueva tu presencia en medio de nuestro país y danos tu paz para que, por ella, instauremos la paz que tanto necesitamos. Indícanos el camino para alcanzar la paz, danos entrañas de misericordia para buscar la paz, libera nuestros corazones de toda división, rencor y envidia, de toda injusticia y avaricia, para alcanzar la paz. Amén.

Oración de la tarde

Monición de entrada (antes de la Exposición del Santísimo Sacramento)

Hermanos, al iniciar la oración de esta tarde nos reunimos con una misma intención: adorar a Jesús Eucaristía y presentar nuestras súplicas. Al congregarnos nos reconocemos hermanos en la fe y, a la vez, nos encontramos con Dios y con la creación.
El Cuerpo y la Sangre de Cristo son dignos de adoración. A ellos toda Acción de Gracias porque son nuestra vida. Adoraremos a Jesús Eucaristía que se hará presente en el altar. Él es el Pan Vivo bajado del Cielo, pero también surgido de la Tierra y del trabajo de los hombres. Por esto, en esta tarde, tendremos momentos de adoración precedidos de meditaciones sobre la maravillosa unidad: Dios – Hombre – Cosmos, de la cual el Cuerpo y la Sangre de Cristo son su más palpable manifestación. Iniciemos cantando.

Quédate con nosotros, porque es tarde y está anocheciendo.”
(Lucas 24,29)

Señor Jesús, la tarde no solo nos recuerda la hora nona de tu muerte en la cruz, sino que nos abre a la esperanza y a la alegría. En la tarde celebraste la última cena con tus discípulos y diste tu cuerpo y tu sangre en el pan y en el vino que compartiste. En la tarde te apareciste de camino a los discípulos de Emaús y, ya en la aldea, te revelaste a ellos al partir el pan. Por eso, en esta tarde queremos pedirte que te quedes con nosotros como en Emaús, porque es tarde y la noche se apresura.
Te reconocemos, Señor, al partir el pan en la Eucaristía y te alabamos ahora en el Santísimo Sacramento. Al adorarte haz que nuestros corazones ardan, pues tu presencia es fuego y es luz, capaces de disipar toda tiniebla y de abrir los ojos a la esperanza que no defrauda.
El Verbo que viene desde lo alto
y que no abandona la derecha del Padre, que sale a realizar su obra,
ha venido al atardecer de la vida.
Quien por su discípulo a la muerte sería entregado a sus enemigos, antes, como comida de vida, se entregó a los discípulos.
A ellos bajo doble especie
dio su carne y sangre
para que en esta doble sustancia se alimentara todo el hombre.
Al nacer se entregó como compañero, al comer se entregó como alimento; al morir se entregó cual precio;
al reinar se da como premio.
Oh, salvadora hostia
que abres la puerta del cielo, guerras implacables nos oprimen: danos fuerza, danos auxilio.
Al Señor Uno y Trino sea gloria eterna. Que una vida sin término nos regale en la patria. Amén.

Lectura del libro del Génesis 1, 26-31

Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo». Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra». Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde». Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.»

Primera meditación: La unión de las creaturas con Dios

En el ofertorio de la Eucaristía el sacerdote toma en sus manos el pan y el vino y dice: “Bendito seas Señor, Dios del universo, por este pan…, por este vino, fruto de la tierra…” para que se conviertan en Pan de Vida y Bebida de Salvación, es decir, en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Por tanto, la tierra y sus frutos entran en plenitud de unión con Cristo en el altar.
Recordemos, las palabras del papa Francisco en la Carta Encíclica “Laudato Si”:
“En los diálogos con sus discípulos, Jesús los invitaba a reconocer la relación paterna que Dios tiene con todas las criaturas, y les recordaba con una conmovedora ternura cómo cada una de ellas es importante a sus ojos: «Mirad las aves del cielo, que no siembran ni cosechan, y no tienen graneros. Pero el Padre celestial las alimenta».
Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios. Dios ha escrito un libro precioso, «cuyas letras son la multitud de criaturas presentes en el universo». Ninguna criatura queda fuera de esta manifestación de Dios: «Desde los panoramas más amplios a la forma de vida más ínfima, la naturaleza es un continuo manantial de maravilla y de temor. Ella es, además, una continua revelación de lo divino». «Percibir a cada criatura cantando el himno de su existencia es vivir gozosamente en el amor de Dios y en la esperanza».
El Señor podía invitar a otros a estar atentos a la belleza que hay en el mundo porque él mismo estaba en contacto permanente con la naturaleza y le prestaba una atención llena de cariño y asombro. Cuando recorría cada rincón de su tierra se detenía a contemplar la hermosura sembrada por su Padre, e invitaba a sus discípulos a reconocer en las cosas un mensaje divino: «Levantad los ojos y mirad los campos, que ya están listos para la cosecha». «El reino de los cielos es como una semilla de mostaza que un hombre siembra en su campo. Es más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas y se hace un árbol».
Esta contemplación de lo creado nos permite descubrir a través de cada cosa, alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir, porque «para el creyente contemplar lo creado es
también escuchar un mensaje, oír una voz paradójica y silenciosa». Podemos decir que, «junto a la Revelación propiamente dicha, contenida en la sagrada Escritura, se da una manifestación divina cuando brilla el sol y cuando cae la noche».
Prestando atención a esa manifestación, el ser humano aprende a reconocerse a sí mismo en la relación con las demás criaturas: «Yo me autoexpreso al expresar el mundo; yo exploro mi propia sacralidad al intentar descifrar la del mundo». Entonces, se entiende mejor la importancia y el sentido de cualquier criatura si se la contempla en el conjunto del proyecto de Dios”.

 

Segunda Meditación: La unión del hombre con las creaturas y con Dios

En el ofertorio de la Eucaristía, el sacerdote toma en sus manos el pan y el vino, y dice: “Bendito seas Señor, Dios del universo por este pan…, por este vino, fruto de la tierra Y DEL TRABAJO DEL HOMBRE…” para que se conviertan en Pan de Vida y Bebida de Salvación”, es decir, en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Por tanto, unido a la tierra y sus frutos, la humanidad y sus labores son consagradas por el Espíritu Santo, en plenitud de unión con Cristo en el altar.
Recordemos, además las palabras del papa Francisco en la Carta Encíclica “Laudato Si”:
“Jesús trabajaba con sus manos, tomando contacto cotidiano con la materia creada por Dios para darle forma con su habilidad de artesano. Llama la atención que la mayor parte de su vida fue consagrada a esa tarea, en una existencia sencilla que no despertaba admiración alguna: «¿No es este el carpintero, el hijo de María?». Así santificó el trabajo y le otorgó un peculiar valor para nuestra maduración. «Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la redención de la humanidad».
Las criaturas de este mundo no pueden ser consideradas un bien sin dueño: «Son tuyas, Señor, que amas la vida», dice el libro de la Sabiduría. Esto provoca la convicción de que, siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde. «Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea, que la desidentificación del suelo es como una enfermedad para cada uno, y podemos lamentar la extinción de una especie como si fuera una mutilación». (LS 89)
No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Por eso se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad”.
Hombre y cosmos, están unidos porque el hombre está hecho de lo que Dios ha creado el cosmos: del barro tomado de la creación nos hizo. Ambos subimos al Altar, unidos a Cristo, entramos en unión mística con el misterio de la Eucaristía, a quien adoramos en silencio… Silencio

Tercera Meditación: Jesús, el pan y la humanidad

Hemos venido a adorar al Señor Jesús sacramentado. Pero antes de nuestra adoración hemos meditado sobre la creación y la humanidad, presentes en mística unión con Cristo, primicia de las creaturas y cabeza de la Iglesia.
Jesús vivía en armonía plena con la creación, y los demás se asombraban: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?» (Mt 8,27). Para la comprensión cristiana de la realidad, el destino de toda la creación pasa por el misterio de Cristo, que está presente desde el origen de todas las cosas: «Todo fue creado por él y para él». En el Evangelio de Juan encontramos la actividad creadora de Cristo como Palabra divina y además esta Palabra «se hizo carne». Una Persona de la Trinidad se insertó en el cosmos creado, corriendo su suerte con él hasta la cruz. Desde el inicio del mundo, y a partir de la encarnación, el misterio de Cristo opera de manera oculta en el conjunto de la creación.
El Nuevo Testamento no sólo nos habla del Jesús terreno y de su relación tan concreta y amable con todo el mundo. También lo muestra como resucitado y glorioso, presente en toda la creación con su señorío universal: «Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz», proclama san Pablo. Esto nos proyecta al final de los tiempos, cuando el Hijo entregue al Padre todas las cosas y «Dios sea todo en todos» (1 Co 15,28). De ese modo, las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas flores del campo y las aves que él contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa.
Cuando nuestro corazón está auténticamente abierto a una comunión universal, nada ni nadie está excluido de esa fraternidad en Cristo. No podemos considerarnos grandes amantes si excluimos de nuestros intereses alguna parte de la realidad: paz entre los hombres, justicia en la sociedad y cuidado de la creación son tres temas absolutamente ligados. Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios en Cristo, presente en la Eucaristía, tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra.
Silencio.