Viendo una película ya por cuarta vez, un hombre le dice al vecino: “Es la cuarta vez que veo esta película y en ninguna de las otras veces se han expresado tan bien como en esta”. Pero ¿será el artista quien mejoró su expresión o será el que ve la película que la interpretó mejor? Algo así pasa con lo que dijo Jesús por un lado, y como lo interpretaron los cuatro evangelistas, por el otro. 

De manera que, para responder a la pregunta, es necesario ir a los cuatro evangelios escritos.  Ellos te hablan de Jesús. Pero la manera como los evangelios te presentan a Jesús está acompañada de muchas interpretaciones propias del evangelista o de la comunidad en que se escribió el Evangelio.

Por eso, hay que atravesar los evangelios escritos para llegar a Jesús y a su Evangelio o anuncio de una buena noticia que fue solamente oral, ya que Jesús no se preocupó por dejarla en algún escrito. Se trata de llegar a las mismas palabras de Jesús sencillamente para conocerlo mejor a él, esto es, a su identidad personal y a su mensaje, y no quedarse simplemente en alguna interpretación parcial. Hay especialmente dos pasos que relacionan muy bien a Jesucristo con el Evangelio: uno es de Marcos y el otro es de Lucas.

El Evangelio de Marcos, que es el más antiguo de los cuatro, presenta los comienzos de la predicación de Jesús con estas palabras: “Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba el evangelio de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en el Evangelio’ ” (Mc 1, 14 – 15). Te invito a tomar en consideración, algunos de estos términos muy importantes: 

  1. Proclamaba:  El evangelio es una proclamación solemne, pública, dirige a todos y se refiere a un propósito de Dios.  Este tipo de proclamación se llama Kerigma, palabra griega muy usada hoy. Cuando nace un niño, pega un grito, un chillido o un llanto. La Iglesia hace su ingreso el día de pentecostés con un grito: El Kerigma: “Sepa todo el mundo que Dios ha constituido Señor a Cristo” (ver Hch 2, 36). Esta predicación de Jesús, el anuncio empezando por empezando por el primer anuncio, es lo primero para todos, sacerdotes y laicos.
  2. El Evangelio de Dios: Esta expresión puede tener dos sentidos: uno, quiere decir que el evangelio tiene su origen en Dios, ya que Dios envió a Jesús, su mensaje y el mensajero. Otro, que el evangelio de Jesús tiene como contenido central a Dios y a su Reino que es muy especial.
  3. El tiempo se ha cumplido: El texto no se refiere al tiempo como duración (Chronos): ayer, hoy, mañana; una hora, dos horas, etc.  Se refiere a otro tiempo (kairós) que quiere decir la ocasión oportuna, favorable, justa, la que es precisamente para mí.
  4. El Reino de Dios está cerca: No se trata de una menor distancia temporal como cuando se dice: ya se acerca mi cumpleaños. Se trata de una distancia física, está muy cerca, al lado de cada uno.
  5. Conviértanse: En realidad la palabra convertirse es incorrecta, al menos si se entiende como un cambiar de camino o hacer un retorno como el de las carreteras. Más bien, el sentido es el de cambio de mentalidad, el de dejar las opiniones habituales para acoger algo nuevo, el reino de Dios.  No se trata de hacer un retorno hacia la ley de Moisés, sino a ir más allá de la misma.  Cuando el judío Eugenio Zollí, de la sinagoga de Roma, recibió el bautismo no dijo: “me convertí, volví a la ley”, sino “llegué”, alcancé la meta.
  6. Crean en el Evangelio. No se trata de creerle a alguien lo que dice, con una afirmación intelectual, sino creer en alguien, en el sentido de confiar en esta persona, de cimentar la propia seguridad en esta persona. Entonces, se trata de echar las raíces en el evangelio de Jesús porque es un terreno sólido, se trata de construirse sobre la roca que es Él, no sobre insegura arena.

El Evangelio de Lucas trae las palabras de Jesús leyendo un texto de Isaías y refiriéndolo a él mismo: “El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 18 – 19).

Lo primero que hay que notar es que Jesús omite la frase de Isaías: “El día de la venganza de nuestro Dios”, para que sea de verdad una buena noticia. Este texto muy probablemente te ofrece las mismísimas palabras de Jesús al comenzar su ministerio público, su misión abierta. Es bueno recordar que la buena noticia no es algo que Jesús lleva, sino algo que Jesús es, como veremos.

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