Durante años, la catequesis tuvo rostro conocido: el de la vecina paciente, la religiosa cercana, el laico generoso que conocía a cada familia y caminaba con ellas. Hoy ese rostro parece diluirse entre pantallas, mensajes rápidos y procesos fragmentados. Sin embargo, la entrevista con la hermana Margarita revela algo distinto: el catequista no está en extinción, está en transición.
La conversación no empieza con diagnósticos ni teorías. Empieza con memoria. Con la hermana Margarita recordando rostros, gestos y escenas que muchos reconocen: catequistas que visitaban enfermos, que sabían los nombres de los niños, que enseñaban más con su vida que con sus palabras. Pero a medida que la entrevista avanza, aparece la tensión del presente. Lo digital irrumpe, la cultura cambia y la catequesis se ve obligada a reinventarse.
Antes de seguir leyendo, vale la pena detenerse y escuchar el testimonio completo. En el video que acompaña este artículo, la hermana Margarita no solo responde preguntas: narra una experiencia que deja ver los latidos de la catequesis en medio del cambio.
La primera pregunta abre la puerta de la memoria. ¿Cómo era el catequista de antes? La hermana no duda: cercanía, amabilidad, capacidad de ayuda concreta y una espiritualidad transparente. No era solo alguien que enseñaba contenidos; era una presencia en la comunidad. Visitaba, acompañaba, sostenía.
Ese retrato inicial no es nostalgia vacía. Es el punto de partida para comprender por qué la figura del catequista parece hoy desdibujarse: no porque falte fe, sino porque cambió el tejido comunitario que la sostenía.
Cuando la conversación se vuelve personal, el relato gana profundidad. La hermana Margarita recuerda que su vínculo con la catequesis nació en casa, viendo a su madre orientar a los niños y vivir las obras de misericordia con naturalidad. Más tarde, la invitación del párroco y el carisma de su comunidad religiosa consolidaron el camino. Lo que emerge aquí es una constante: la catequesis no se aprende primero en manuales, sino en la vida compartida.
Al preguntarle qué hacía significativa la catequesis tradicional, aparece una expresión que atraviesa toda la entrevista: “tenía sabor a Cristo”. No se trataba solo de contenidos bien explicados, sino de coherencia de vida, objetivos claros y un lenguaje narrativo capaz de despertar esperanza. Esa combinación generaba vitalidad pastoral, especialmente cuando se unía al anuncio kerigmático y al testimonio de sacerdotes y misioneros.
La entrevista cambia de tono cuando entra en escena el mundo digital. La hermana reconoce su potencial: facilita la comunicación, abre la creatividad y permite llegar a más personas. Pero también introduce una advertencia serena: la experiencia de fe no puede reducirse a información ni a conexión virtual. La catequesis necesita comunidad, celebración y encuentro real.
Ese matiz es clave. No hay rechazo a lo digital, pero tampoco ingenuidad. La hermana señala que algunos catequistas han sabido prepararse y aprovechar estas herramientas, mientras otros se sienten desbordados. El riesgo no está en la tecnología, sino en la superficialidad formativa y en la pérdida del encuentro personal con Cristo.
A medida que la conversación avanza, aparece la tensión central: lo digital comunica, pero la comunidad transforma. Y ahí surge una inquietud pastoral concreta: si la catequesis se desplaza demasiado al ámbito virtual, puede debilitar su dimensión relacional. La fe se informa en línea, pero se encarna en comunidad.
Sin embargo, lejos de un tono pesimista, la entrevista abre horizonte. La hermana Margarita insiste en que el catequista no desaparece porque su esencia no depende de un formato, sino de una experiencia. Los catequistas de antes tenían menos recursos, pero un convencimiento profundo. Hoy el desafío es integrar esa experiencia fundante con nuevas mediaciones.
La pregunta por el futuro permite aterrizar el diagnóstico. ¿Qué catequista necesita la Iglesia hoy? La respuesta vuelve al origen: alguien que haya vivido el encuentro con Cristo y que, desde ahí, pueda usar creativamente los medios actuales. Sin experiencia, todo queda en conocimiento; con experiencia, los medios se convierten en puente.
En los últimos minutos, el tono de la hermana se vuelve casi maternal. Su mensaje a los catequistas que se sienten inseguros frente a lo digital no es técnico, sino espiritual: no desanimarse, confiar en la pedagogía de Dios y recordar que la tecnología es ayuda, no fundamento. Lo esencial sigue siendo el corazón abierto y la convicción bautismal.
La entrevista termina, pero deja una sensación clara: el catequista no es una figura en retirada. Lo que está cambiando es el escenario, el lenguaje y las mediaciones. La misión permanece.
Por eso, más que leer sobre esta conversación, vale la pena escucharla. En el video se perciben silencios, matices y emociones que el texto apenas insinúa. Allí la hermana Margarita no ofrece una teoría sobre la catequesis: comparte una vida atravesada por ella.
Directorio para la Catequesis (2020), que plantea la evangelización en la cultura digital:
https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccatheduc/documents/rc_con_ccatheduc_doc_20200623_direttorio-catechesi_sp.html
Documento de Aparecida, referencia clave para comprender la catequesis en clave misionera:
https://www.celam.org/aparecida/Espanol.pdf
Evangelii Gaudium, sobre el desafío evangelizador en la cultura contemporánea:
https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html
Reflexión sobre catequesis y cultura digital (Red de Catequistas):
https://www.reddecatequistas.com/desafios-de-la-catequesis-digital/