Celebración Eucarística del Corpus Christi

1. Ayudas para la celebración eucarística

ÉXODO (24; 3-8)
La sangre de la Alianza

En la primera lectura se hace referencia a la Alianza. Una alianza se sellaba siempre en las religiones primitivas con el sacrificio, que constituía el compromiso ante los dioses. En la Alianza bíblica de Dios y el Pueblo, el sacrificio sella la Alianza. La víctima inmolada y la sangre derramada son vínculos que atan y comprometen a una parte con otra, indisolublemente. Al escuchar las palabras y mandatos del Señor el pueblo responde contundentemente: “Haremos todo lo que manda el Señor…y lo obedeceremos”.
Moisés, bajando del monte, comunica la experiencia que había tenido de Dios, de sus palabras, que han de considerarse como palabras de la Alianza, cuyo corazón es el Decálogo. Se organiza entonces una liturgia sagrada, un banquete-sacrificio, que quiere significar la ratificación de la Alianza que Dios ha hecho con el que ha sacado de la esclavitud. El misterio de la sangre, de su aspersión, expresa el misterio de comunión de vida entre Dios y su pueblo ya que, según se pensaba, la vida estaba en la sangre. Por ello este texto se considera como prefiguración de la Nueva Alianza que Jesús adelanta en la última cena.
El Pacto marca definitivamente la experiencia religiosa de Israel, pues desde él se entienden las relaciones de Dios con Su Pueblo. Cada uno cumple su parte: Israel permanece fiel a Dios cumpliendo sus leyes morales y rituales; Dios protege a Israel para que conserve su tierra y su templo entre todos los pueblos. La ceremonia representa este pacto y se sella con sangre, según la costumbre primitiva.
De la misma manera, la comunidad cristiana incipiente, que aún depende fuertemente de su religiosidad judaica, entiende la Alianza realizada en Jesús, la Nueva y perfecta Alianza Dios-hombre, sellada en su Cuerpo y su Sangre.

SALMO 115
Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.

El salmo 115, orado desde el Nuevo Testamento, es una invitación a la acción de gracias por la salvación. Dios, a través de su Hijo, ha roto nuestras cadenas. En la Eucaristía alzamos la Copa de Cristo, invocando el Nombre del Dios misericordioso que nos salva por el misterio pascual de su Hijo. La Eucaristía es así una solemne acción de gracias.El orante se dispone a ofrecer un sacrificio de acción de gracias en el que se beberá el cáliz ritual, la copa de la libación sagrada que es signo de reconocimiento por la liberación. La Liturgia, por tanto, es la sede privilegiada en la que se puede elevar la alabanza agradecida al Dios salvador.

HEBREOS (9; 11-15)
Cristo selló con su sangre para siempre la Nueva Alianza

La lectura de la carta a los Hebreos retoma un tema que para la espiritualidad judaica tenía suma importancia y muestra a Jesús como cumbre y plenitud de esa línea. El Sumo Sacerdote penetraba en el Santuario para ofrecer el sacrificio de un animal como expiación por los pecados del pueblo. Sobre esta imagen se muestra la superioridad de Cristo como Único y Eterno Sacerdote y de su sacrificio, que es Él mismo, entregado por la humanidad necesitada de redención.
La carta a los Hebreos es uno de los escritos más densos del NT. En este texto se nos exhorta desde la teología sacrificial, que pone de manifiesto que los sacrificios de la Antigua Alianza no pudieron conseguir lo que Jesucristo realiza con el suyo, con la entrega de su propia vida. Y esto lo ha realizado «de una vez por todas» en la cruz, de tal manera que los efectos de la muerte de Jesús, la redención y su amor por los hombres, se hacen presentes en la celebración de este sacramento. El recurrir a las metáforas y al lenguaje de la acción sacrificial puede que resulte hoy poco convincente, fruto de una cultura que no es la nuestra. No obstante, la significación de todo ello nos muestra una novedad, ya que todo se apoya en un sacerdocio especial, el de Melquisedec y en una entrega inigualable.
El sacrificio de la propia vida de quien sacerdote y víctima, logra una Alianza eterna. Es esa alianza que prometieron los profetas, porque ellos vieron que los sacrificios rituales habían quedado obsoletos y la alianza antigua se había convertido en una “disposición” ritual. Cristo no viene a instaurar nuevos sacrificios para Dios (no los necesita), sino a revelar que la propia vida entregada a los hombres vale más que todo aquello. Así es posible entenderse a fondo con Dios. Es en la propia vida entregada como se logra la comunión más íntima con lo divino, sin necesidad de sustitutivos de ninguna especie. La muerte de Jesús, su vida entregada, es el “testamento” verdadero del que hacemos memoria en cada Eucaristía.

MARCOS (14; 12-26)
Esta es mi sangre de la Nueva Alianza

El evangelio expone la preparación de la última cena de Jesús con los suyos y la tradición de sus gestos y sus palabras en aquella noche, antes de morir. Sabemos de la importancia que esta tradición tuvo desde el principio del cristianismo. Aquella noche (fuera o no una cena ritualmente pascual), Jesús hizo y dijo cosas que quedarán grabadas en la conciencia de los suyos. Con toda razón se ha recalcado el «haced esto en memoria mía». Sus palabras sobre el pan y sobre la copa expresan la magnitud de lo que quería hacer en la cruz: entregarse por los suyos, por todos los hombres, por el mundo, con un amor sin medida.
Marcos nos ofrece la tradición que se privilegiaba en Jerusalén, mientras que Lucas y Pablo nos ofrecen, probablemente, «las palabras» con la que este misterio se celebraba en Antioquía. En realidad, sin ser idénticas, quieren expresar lo mismo: la entrega del amor sin medida. Su muerte, pues, tiene el sentido que el mismo Jesús quiere darle. No pretendió que fuera una muerte sinsentido, ni un asesinato horrible. No es cuestión de decir que quiere morir, sino que sabe que ha de morir, para que los hombres comprendan que solamente desde el amor hay futuro. La Eucaristía, pues, es el sacramento que nos une a ese misterio de la vida de Cristo, de Dios mismo, que nos la entrega a nosotros de la forma más sencilla.
Este texto pretende acercarnos al momento de la “institución” de la eucaristía, a la última cena de Jesús, despidiéndose de sus amigos, y al momento en que quiso que le recordáramos en el signo del pan y el vino. El texto presenta la cena de Jesús como Cena Pascual, aunque históricamente es difícil que lo fuera, pero las comunidades cristianas le dieron pronto esta interpretación, entendiendo a Jesús desde el símbolo del cordero inmolado.
En el Nuevo testamento tenemos cuatro relatos de la “institución” de la eucaristía: Mateo 14,22, Marcos 14,12, Lucas 22,14 y 1 Corintios 11,23. (Sabemos que el cuarto evangelio omite este relato). De la lectura de estos textos se desprende claramente que nos encontramos ante dos fuentes. Mateo y Marcos copian literalmente una de ellas. Lucas utiliza otra muy semejante, aunque parece claro que Lucas conoce a Marcos, y que la última redacción de Marcos incorpora elementos de Lucas y aun de Pablo.
En todas ellas sin embargo aparece el mismo contenido básico. «Después de cenar – la acción de gracias – el pan y el vino = mi cuerpo y mi sangre entregados por vosotros». La consecuencia de todo esto es bastante clara: desde el principio, la comunidad cristiana se muestra fiel al encargo de Jesús y celebra «La Cena del Señor» o «La Fracción del Pan», en casas particulares, como reunión distintiva de los fieles. Así se muestra en los Hechos de los Apóstoles.
La Cena del Señor se constituye, pues, desde el principio, como el momento central de la asamblea, de la comunidad. Presidida por los Apóstoles o por los que los mismos Apóstoles o la comunidad designa, adquiere desde el principio un carácter que va a ser mantenido: la cena fraterna, la lectura de textos de los Evangelios, de la Escritura, de las Cartas, la oración, la Acción de Gracias, la participación en el Pan y el Vino en Memoria del Señor. Esta es la primera celebración Eucarística, claramente apartada del culto del Templo, fuertemente centrada en la reunión y la memoria del Señor en el signo de comer el Pan y beber la Copa.

2. Pistas Homiléticas

Hoy es la Solemnidad del Corpus Christi, uno de los días más gozosos y festivos del calendario litúrgico. Celebrando con amor la Eucaristía y adorando con fervor el Cuerpo del Señor, la Iglesia manifiesta este domingo su fe en la presencia real y verdadera de Jesús en este “sacramento admirable”. La Eucaristía es el sacramento del inmenso amor del Señor en el que se conmemora su Pascua salvadora; es el Sacramento que vivifica, alimenta y fortalece nuestra existencia cristiana. Vivir de la Eucaristía y vivir la Eucaristía, con todo lo que ello implica, es el compromiso que renovamos en esta fiesta del Cuerpo entregado y de la Sangre derramada.
El Cuerpo y la Sangre de Cristo es adoración, presencia, alimento, compromiso, unión vital, entrega, ejemplo…Todo esto, y todo lo que se pueda decir de la eucaristía, se inscribe en la historia de amor que Dios ha querido vivir con los hombres. La eucaristía sintetiza esta historia de amor.
El deseo de Dios de acercarse a nosotros encuentra su punto máximo en el misterio de la encarnación. ¿Puede acercarse más todo un Dios al género humano? Como Jesús es Dios, y puede bastante más que nosotros, su amor le lleva a inventar la manera de hacernos experimentar, de manera sensible, de manera sacramental, su presencia continua en nuestra vida, su deseo de unión amorosa con nosotros. Para ello, inventa la eucaristía, inventa lo que celebramos en el Corpus, la fiesta del cuerpo y la sangre de Cristo. “El que come mi cuerpo y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”.
Son los milagros del amor: el amor divino hacia nosotros y nuestro amor hacia los demás. Nunca el amor que Jesús nos ofrece es exclusivista. Nos ofrece su amor para que nosotros ofrezcamos amor a nuestros hermanos. La eucaristía es presencia. La presencia real de Cristo Jesús en su cuerpo y su sangre nos debe llevar a adorarle, en la procesión de hoy y siempre, como reconocimiento de estar ante Dios y rendirle todo nuestro ser.
La eucaristía es alimento. El cuerpo y la sangre de Jesús es verdadera comida y es verdadera bebida para reparar nuestras fuerzas, para llegar al final del camino por la misma senda que Él. La eucaristía es fuerza transformante. No nos deja permanecer igual, nos obliga a actuar y a cambiar. Si recibimos a un Jesús “entregado”, que no guardó su vida para sí, sino que la entregó por nosotros… nosotros, después de recibirle, no podemos permanecer igual que antes. Espontáneamente nos impulsa a vivir, por amor, una vida entregada en favor de nuestros hermanos. La eucaristía debe llevarnos siempre al difícil y gozoso compromiso de vivir como vivió Cristo Jesús.
Celebrar Corpus en medio de una pandemia y de situaciones de conflicto y dolor como los que vive Colombia, nos impulsa a renovar la confianza y la fe en el valor eterno, purificador y salvador de la Sangre de Cristo, pues la Eucaristía, al actualizar la ofrenda del Señor, nos invita a tomar parte en la misma. Compartir el cáliz del Señor es estar dispuestos a correr su misma suerte: dar la vida para ganarla de verdad. La solidaridad y la capacidad de compadecernos y hacer nuestros los dolores, angustias y aflicciones de los hermanos harán posible lo que con frecuencia decimos: “Él se ha puesto en nuestras manos para que te lo ofrezcamos como sacrificio nuestro y, junto con Él, nos ofrezcamos a ti”. Así adoramos esperanzados hoy a Cristo, alimento de vida para este momento de la historia, reconociendo en Él el futuro victorioso de la humanidad, del mundo y de la historia.

3. Textos para la celebración

Entrada

Celebramos hoy la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor, la fiesta de la Sagrada Eucaristía que nos recuerda el Misterio cotidiano del Cuerpo entregado y de la Sangre derramada por nosotros.
Con profunda fe, alegría y agradecimiento, celebremos este Misterio central de nuestra fe cristiana que compromete al creyente para ser signo de unidad y testigo del amor de Jesús, que se hace presente en medio de nosotros. Abramos el corazón y acojámoslo como alimento de vida eterna en esta Fiesta del Corpus Christi implorando bendiciones de paz y reconciliación, justicia y perdón para nuestra amada patria.

Lecturas

El Pueblo del Antiguo Testamento es llamado a hacer memoria de las obras realizadas en su favor por el Señor. La intervención de Dios ha sido definitiva en la persona salvadora de Jesús que nos da a comer su Carne y a beber su Sangre. Escuchemos.

Presentación de Dones

Junto al pan y el vino que se convertirán en Cuerpo y Sangre de Cristo, nuestro Señor, unamos nuestras vidas, con sus alegrías y sus penas, y pongamos sobre el altar las necesidades e intenciones de la Nación y el mundo entero en estos momentos de prueba que vivimos.

Comunión

En la fracción del Pan reconocemos siempre a Cristo, presente en este Sacramento. Ante nuestro mundo que padece de hambre de pan y hambre de Dios, el mismo Jesucristo se nos acerca para ofrecerse como alimento de Vida Eterna. Recibámosle sacramental o espiritualmente y entremos en comunión con Él y con nuestros hermanos.

Oración de fieles

Presidente: Unidos como un sólo cuerpo elevemos nuestras súplicas al Padre que nos da en Jesús el verdadero pan del cielo.
R/. DIOS DE AMOR Y DE VIDA, ESCÚCHANOS.
1. Por la Iglesia, presencia permanente del Señor Jesús, para que sea siempre Sacramento de Salvación para todos los hombres y no deje de proclamar el evangelio de la paz y la vida. Oremos.
2. Por el Papa, los obispos y sacerdotes, quienes diariamente son instrumentos del milagro de la Eucaristía, para que en sus manos consagradas y en su voz de profetas siga actuando la fuerza del Espíritu Santo. Oremos.
3. Por los que sufren de hambre material y espiritual, por los que no tienen pan y por los que pueden ayudarlos, para que la Eucaristía nos enseñe a todos a compartir y a confiar. Oremos.
4.Por los hombres preocupados y afligidos por la pandemia y sus duras consecuencias económicas y sociales, para que la presencia real de Cristo en la Eucaristía sea fuente de bendiciones, consuelo y fortaleza en las duras pruebas que vivimos. Oremos.
5. Por todos nosotros, que Dios nos dé la gracia de sentir su presencia en nuestra vida cotidiana, y de conocerlo como nuestro compañero constante en tiempos de soledad, nuestra alegría en tiempos de sufrimiento y nuestra esperanza segura en tiempos de incertidumbre. Oremos.
Presidente: Padre bondadoso, que nos diste en Jesús la gracia de vivir en comunión de vida contigo, escucha las súplicas que te presentamos y acrecienta nuestra fe en la presencia permanente de tu Hijo Jesucristo en medio de nosotros. Él, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

4. Procesión con el Santísimo Sacramento

En el domingo de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo se realiza la procesión eucarística por las calles de la comunidad parroquial, velando por el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad y respondiendo a las exigencias y posibilidades del lugar. Para ello debe prepararse lo siguiente:
1. Organizar con algunos servidores, miembros de los grupos parroquiales, la procesión en la hora que el sacerdote convenga. Sugerimos 25 personas en la procesión. De ese modo se evita la aglomeración de personas y es manejable el distanciamiento.
2. A los fieles no se les cita en un lugar concreto para que tomen parte en la procesión, dado que ello traería dificultades para el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad. Lo que se debe hacer es anunciar por parte del sacerdote, al final de las eucaristías que, acompañado de algunos laicos, pasará el domingo en procesión por las calles del sector dando la bendición con el Santísimo Sacramento, implorando salud, reconciliación y bienestar para los vecinos del sector.
3. El sacerdote (diácono) irá revestido como corresponde a la adoración ante el Santísimo Sacramento y con el velo humeral para impartir la bendición.
4. El sacerdote debe portar la custodia con el Santísimo Sacramento, disponiendo de lo necesario para ello, velando por mantener la piedad, respeto y el decoro en el modo como porta la Custodia.
5. Los laicos podrán llevar algún signo (por ejemplo una vela encendida si es que la procesión se realiza al caer la tarde o muy de mañana) y llevar un vestido que cree unidad y uniformidad.
6. Es fundamental contar con un buen sonido y con cantores que animen la procesión.
7. En todo el recorrido se debe mantener el tapabocas, el distanciamiento debido y la limpieza de manos.

Inicio de la procesión

El sacerdote o diácono rodeado de los fieles escogidos, se arrodilla delante de Jesús Sacramentado, y dice:
Bendito, alabado y adorado sea Jesús en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía (3 veces)
Hermanos, en este día en que exaltamos a Cristo hecho pan de vida para todos, queremos pasar por algunas calles de nuestro territorio parroquial, uniéndonos a la misión itinerante de Jesús que recorrió aldeas, pueblos y ciudades anunciando la buena noticia del evangelio y bendiciendo a su paso a quienes se acercaban. Él, de camino, bendijo a los niños, sanó a los ciegos y a los leprosos, llamó a la reconciliación y proclamó a cada paso, con palabras y obras, que Dios estaba entre nosotros y que seguiría estando donde dos o tres se reuniesen en su nombre. Por eso, ahora nosotros, iniciamos este caminar, sabiendo que Cristo va adelante, guiándonos, animándonos, como pastor que da la vida por sus ovejas.
Este es el camino que el Señor sigue recorriendo en la vida y en el corazón de quienes le aman. Que a su paso el Señor derrame abundantes bendiciones sobre los niños, jóvenes y adultos, sobre nosotros, para comunicar al mundo que Cristo vence toda tiniebla, toda enfermedad y todo aquello que se opone a la paz.
Entonces comienza su camino por las calles.

Durante la procesión

Alabanzas

El sacerdote irá realizando algunas alabanzas a Jesús eucaristía, como las que siguen. Los fieles que le acompañan responderán a cada una diciendo
Sánanos y sálvanos.
1. Jesús Eucaristía, don de Dios Padre y revelación del amor infinito de Dios.
2. Jesús Eucaristía, que por amor te has hecho pan de vida en el altar.
3. Jesús Eucaristía, amor que se entrega por todos.
4. Jesús Eucaristía, sacramento en el que se expresa la verdad que nos hace libres.
5. Jesús Eucaristía, alimento de vida y salvación.
6. Jesús Eucaristía, Camino, verdad y vida.
7. Jesús Eucaristía, que te compadeces del afligido.
8. Jesús Eucaristía, que caminas entre nosotros, por amor a nosotros.
9. Jesús Eucaristía, don libre ya amoroso de Dios.
10. Jesús eucaristía, Misterio de nuestra fe.
11. Jesús Eucaristía, amigo de los pobres y de los que sufren.
12. Jesús Eucaristía, Presencia viva del Señor en medio de su pueblo.
13. Jesús Eucaristía, don de Dios para la comunidad.
14. Jesús Eucaristía, que nos llamas a caminar contigo.
15. Jesús Eucaristía, pastor de las ovejas a las que proteges y animas.
16. Jesús Eucaristía, que te complaces en sanar y perdonar.
17. Jesús Eucaristía, que perdonas nuestros pecados y nos levantas del error.
18. Jesús Eucaristía, que diste la paz a tus discípulos el día de tu resurrección.

Súplicas

1. Señor Jesús, sana a quienes padecen el coronavirus.
2. Señor Jesús, acoge en el cielo a quienes han muerto por esta enfermedad.
3. Señor Jesús, consuela a las familias que han perdido a sus seres queridos y no han podido darles sepultura como hubiesen querido.
4. Señor Jesús, libra nuestras familias del covid-19 y de toda enfermedad.
5. Señor trae alegría y esperanza a quien se siente triste, solo y desconsolado.
6. Señor Jesús, da trabajo a quien no lo tiene.
7. Señor Jesús, auxilia a los más pobres y despreciados de la comunidad.
8. Señor Jesús, habita en nuestras casas y dona tu paz a quienes las habitan.
9. Señor Jesús, bendice esta comunidad y haz que tu amor y tu misericordia reinen entre nosotros.
10. Señor Jesús, disipa de entre nosotros toda obra mala, toda injusticia y corrupción.
11. Señor Jesús, sana los corazones de todo egoísmo, envidia y rivalidad.
12. . Señor Jesús, instaura entre nosotros el amor, la reconciliación y la paz.
13. Señor Jesús, bendice a los vecinos, bendice el lugar por donde estamos pasando y haz que reine entre nosotros la solidaridad y fraternidad.
14. Señor Jesús, trae prosperidad a las familias y derrama sobre ellas los bienes materiales y espirituales que necesitan.
15. Señor Jesús, haz que reine la paz entre nosotros.
16. Señor Jesús, condúcenos por caminos de reconciliación, de diálogo y de justicia social para alcanzar el bien de la comunidad.
17. Señor Jesús, que no nos miremos como enemigos, que no vivamos en la indiferencia sino que nos amemos entre nosotros como tú nos amas.
18. Señor Jesús, en tu nombre, sánanos, libéranos y perdónanos.

Cantos

Durante el recorrido se pueden entonar algunos cantos a Jesús eucaristía y aquellos por medio de los cuales le pidamos a él la paz, la salud, la reconciliación y el amor a su presencia sacramental.

Textos Bíblicos

Se pueden leer también pequeños pasajes bíblicos referentes a Jesús pan de vida (Juan 6) y aquellos que nos hablan de la paz y la reconciliación.

Bendición con el Santísimo Sacramento

El sacerdote dará la bendición con el Santísimo Sacramento allí donde crea conveniente, mientras sus acompañantes se ponen de rodillas y un monaguillo toca la campanilla A ello puede unir las siguientes aclamaciones:
Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre. Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendito sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.
Bendita sea la Santa Madre de Dios María santísima. Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José su casto esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.
Luego dice:
Oremos:
Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tú pasión;
te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén
.