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El libro “Dejemos de perder el tiempo” del economista y líder de la racionalización de los horarios, Ignacio Buqueras, y el profesional de recursos humanos, Jorge Cagigas, es un resumen de los problemas más comunes de productividad y conciliación que aquejan a las empresas y la vida personal, y cuyo principal objetivo es cambiar la mentalidad de empresas y empleados para rendir más en el trabajo, sin agobiarse.

Ellos proponen 10 ideas y consejos prácticos para lograr gestionar el tiempo en el trabajo a fin de obtener una mayor productividad, satisfacción y felicidad. Además recomiendan aplicarlas en todos los ámbitos de la vida, tanto personal como familiar, etc.

Son los siguientes hábitos:

1. Planifique y priorice:

Al comenzar cada jornada, anote las tareas que debe hacer en el día y vea cuáles son importantes o urgentes y cuáles no. Numérelas según su prioridad y procure atenderlas en ese orden.

2. Al trabajo se va a trabajar.

Es preciso aprovechar al máximo las horas que se pasan en el lugar de trabajo, evitando distracciones como charlas intrascendentes con compañeros, distendidas conversaciones telefónicas, chats, Facebook o consultas extra laborales.

3. Orden en el trabajo.

Mantenga la mesa de trabajo ordenada, no es un tema estético de imagen corporativa: la efectividad de un empleado se reduce si su espacio de trabajo está invadida de objetos y papeles.

4. Una por una, y no mil cosas a la vez.

Para estos expertos, “es mejor dedicarse de una a una, abordándolas de principio a fin, ya que quererlo hacer todo a la vez no funciona y es fuente de gran estrés”. También es aconsejable simplificar y desterrar la manía por la perfección innecesaria.

5. Utilizar bien las tecnologías.

Se requiere una buena planificación para el uso de herramientas tecnológicas como el WhatsApp, el Facebook o el correo electrónico, para así poder realizar las tareas, concentrado y sereno. Deben ser una ayuda y no un elemento distractor.

6. Sepa decir “no”.

Muchas veces se asumen tareas que no vamos a alcanzar a hacer o que nos van a demandar un tiempo extra que realmente no tenemos y que tendremos que sacar de nuestra vida privada. Eso genera estrés, y hasta culpa.

7. Horarios y Puntualidad.

La gestión eficaz del tiempo parte con dos componentes básicos: respetar los horarios de trabajo y ser puntual. La primera proporciona unas rutinas estables y ayuda a organizarse, y la segunda es una muestra del respeto hacia el tiempo de los demás.

8. Comprométase e ilusiónese.

Hay que poner entusiasmo y pasión por lo que se hace, y no ser indiferente ante los éxitos o fracasos de la empresa. La apatía lleva a dedicarnos a hacer nada, a perder el tiempo. Uno debe implicarse en su trabajo, asumir responsabilidades, tomar iniciativas, tener la meta de un trabajo bien hecho, en el tiempo adecuado, no solo por cumplir, sino como una meta propia de realización personal.

9. Menos tiempo al comer.

Si el tiempo de actividad y la empresa lo permiten, es preferible almorzar o tomar los refrigerios en la mitad del tiempo e invertir el resto en trabajar y sacar adelante las tareas del día en un menor plazo.

10. Desconéctese.

No se trata de estar conectado a la empresa las 24 horas del día. Para estar sanos psicológica, emocional e intelectualmente tenemos que dedicar tanto tiempo al trabajo como a nuestra persona y nuestra familia.

El tiempo pasa fugazmente y se dice que “el tiempo perdido los santos lo lloran”. San Alfonso María de Ligorio, por ejemplo, hizo voto a Dios de no perder ni un minuto de su tiempo y aprovechaba este tesoro hasta lo máximo. Hay quienes creen que nadie pierde el tiempo, solo pasa, pasa y pasa; lo malo es que no se puede recuperar. Decía Gandhi: “Un minuto que pasas es irrecuperable” y lo cierto es que malgastamos mucho tiempo de nuestras vidas. No hay tiempo que perder, porque cuando te das cuenta el tiempo se ha acabado.

Si termina la mayoría de los días sintiendo que no ha aprovechado bien el tiempo, que le quedan innumerables asuntos pendientes y que no le alcanzan las horas para cumplir con su trabajo, atender a su familia y disfrutar de sus aficiones y de su vida como quisiera, entonces practique este decálogo de consejos ser más productivo y feliz. Nos mueve la convicción personal de que es posible otra forma de organizar el mundo laboral y personal, situando en el centro a las personas. Dejemos de perder tiempo. De ahora mismo, disfrutemos el aquí y el ahora, con abrazos y sonrisas, sin pérdida de tiempo.

Por: Julio Alberto Garavito Palacios . Pbro.

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Transitamos el tiempo de Cuaresma, uno de los más importantes de nuestra vida cristiana, porque es preparación para la Pascua, La  fiesta central de la Iglesia Católica, que da sentido a nuestra fe. Todo gran acontecimiento requiere de una preparación, y el camino hacia la Pascua no es una excepción: En la Pascua revivimos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es vivir en la vida de cada uno lo que sucedió a Jesús de Nazareth. Cuaresma, cuarenta días de preparación, tiempo de recogimiento, meditación y puricación para cambiar en nosotros todo lo malo. Jesús vivió toda su vida caminando hacia la Pascua, desde que vino al mundo sabía lo que sucedería y que eso era necesario para cumplir su misión salvadora. Cuaresma es revivir ese camino, recorrer las enseñanzas de Jesús y esmerarnos más que nunca por ponerlas en práctica en nuestra vida y recibir la Salvación que nos dio al morir en la cruz, para ser transformados con un nuevo espíritu

Si fuéramos automóviles, la Cuaresma sería el tiempo de cambiar el aceite y afinar el motor; el tiempo de acudir a la serviteca. Si fuéramos jardines, la Cuaresma sería tiempo de fertilizar nuestra tierra y arrancar las malas yerbas. Si fuéramos alfombras, la Cuaresma sería tiempo de una buena limpieza con el aspirador o una buena sacudida. Si fuéramos baterías o pilas, la Cuaresma sería tiempo de recargarlas... Pero no somos ninguna de estas cuatro cosas. Somos personas que nos dejamos llevar por nuestro egoísmo y necesitamos empezar a pensar en los demás; somos personas que muchas veces perdemos de vista el fin para el que fuimos creados por Dios y necesitamos recobrar la vista; muchas veces hemos hecho cosas malas y necesitamos arrepentirnos de ellas. La religión judía, de la cual Jesús formaba parte, siempre consideró que había tres prácticas religiosas que merecían destacarse de una manera especial: la oración, el ayuno y las obras de misericordia. Los primeros cristianos no cambiaron este punto de vista, y por eso las recomiendan como las más importantes y necesarias:

La oración: La Cuaresma es un llamado a orar más intensamente, a leer con más frecuencia la Palabra de Dios, a estar más en compañía y en comunicación permanente con Dios. A partir de esta comunicación podremos conocer mejor nuestra situación, lo que somos y lo que Dios desea de nosotros; identificar con ayuda de Dios aquellos aspectos que deseamos cambiar. Es mediante la oración que adquirimos fuerzas para cambiar aquellos hábitos que necesitamos dejar atrás para transformarnos en personas nuevos.

El ayuno: formalmente, el ayuno es la privación de alimentos, el Miércoles de Ceniza, el Viernes Santo y la abstinencia de carne los viernes de cuaresma, que tenía sentido cuando era uno de los pilares de la alimentación, algo que hoy no sucede. Si se trata de privarse de comidas o de algún plato en especial, es para que experimentemos lo que es la necesidad y sintamos que no somos todopoderosos, que todo viene de Dios y que necesitamos de un Padre que nos alimente. Pero hay algo más que el simple privarse de comida: los profetas enseñaron que el verdadero ayuno que agrada a Dios, es privarse de pecar: ayunar del egoísmo siendo generosos, de la soberbia siendo humildes... ayunar tiene más sentido cuando nos privamos de algo que nos satisface y ofrecemos a Dios ese sacrificio. Significa realizar una entrega específica a cada momento. El ayuno opera en nosotros como agente de purificación, podemos utilizarlo para adoptar hábitos más saludables, para abandonar vicios y volvernos conscientes de ciertas situaciones. Así que si estás necesitando cambiar algo en tu vida, aprovecha el ayuno del tiempo de Cuaresma, no te olvides que todo se te facilitará porque cuentas con el apoyo de Dios.

Las obras de misericordia: cuando nos privamos de algo es para poder ayudar con más generosidad a los que no tienen nada. Así, el ayuno bien entendido lleva al cristiano a preocuparse por los más necesitados. El mandamiento de amar al prójimo como Cristo nos amó tiene mayor actualidad en el tiempo de Cuaresma. La imitación de la misericordia de Dios debe llevarnos a una efectiva reconciliación con todos y a una preocupación por las necesidades de nuestros hermanos. Un recomendable ejercicio cuaresmal será el de perdonar de corazón las ofensas recibidas, reconciliarse con todos los hermanos, de modo que al llegar a la Pascua no haya barreras ni distanciamientos. Vivir a fondo la oración, el ayuno y el amor a los demás significa cambiar el corazón, morir a todo lo que nos limita y empequeñece para resucitar con Cristo a una vida nueva y mejor. 

Por: Julio Alberto Garavito Palacios . Pbro.

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