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Transitamos el tiempo de Cuaresma, uno de los más importantes de nuestra vida cristiana, porque es preparación para la Pascua, La  fiesta central de la Iglesia Católica, que da sentido a nuestra fe. Todo gran acontecimiento requiere de una preparación, y el camino hacia la Pascua no es una excepción: En la Pascua revivimos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es vivir en la vida de cada uno lo que sucedió a Jesús de Nazareth. Cuaresma, cuarenta días de preparación, tiempo de recogimiento, meditación y puricación para cambiar en nosotros todo lo malo. Jesús vivió toda su vida caminando hacia la Pascua, desde que vino al mundo sabía lo que sucedería y que eso era necesario para cumplir su misión salvadora. Cuaresma es revivir ese camino, recorrer las enseñanzas de Jesús y esmerarnos más que nunca por ponerlas en práctica en nuestra vida y recibir la Salvación que nos dio al morir en la cruz, para ser transformados con un nuevo espíritu

Si fuéramos automóviles, la Cuaresma sería el tiempo de cambiar el aceite y afinar el motor; el tiempo de acudir a la serviteca. Si fuéramos jardines, la Cuaresma sería tiempo de fertilizar nuestra tierra y arrancar las malas yerbas. Si fuéramos alfombras, la Cuaresma sería tiempo de una buena limpieza con el aspirador o una buena sacudida. Si fuéramos baterías o pilas, la Cuaresma sería tiempo de recargarlas... Pero no somos ninguna de estas cuatro cosas. Somos personas que nos dejamos llevar por nuestro egoísmo y necesitamos empezar a pensar en los demás; somos personas que muchas veces perdemos de vista el fin para el que fuimos creados por Dios y necesitamos recobrar la vista; muchas veces hemos hecho cosas malas y necesitamos arrepentirnos de ellas. La religión judía, de la cual Jesús formaba parte, siempre consideró que había tres prácticas religiosas que merecían destacarse de una manera especial: la oración, el ayuno y las obras de misericordia. Los primeros cristianos no cambiaron este punto de vista, y por eso las recomiendan como las más importantes y necesarias:

La oración: La Cuaresma es un llamado a orar más intensamente, a leer con más frecuencia la Palabra de Dios, a estar más en compañía y en comunicación permanente con Dios. A partir de esta comunicación podremos conocer mejor nuestra situación, lo que somos y lo que Dios desea de nosotros; identificar con ayuda de Dios aquellos aspectos que deseamos cambiar. Es mediante la oración que adquirimos fuerzas para cambiar aquellos hábitos que necesitamos dejar atrás para transformarnos en personas nuevos.

El ayuno: formalmente, el ayuno es la privación de alimentos, el Miércoles de Ceniza, el Viernes Santo y la abstinencia de carne los viernes de cuaresma, que tenía sentido cuando era uno de los pilares de la alimentación, algo que hoy no sucede. Si se trata de privarse de comidas o de algún plato en especial, es para que experimentemos lo que es la necesidad y sintamos que no somos todopoderosos, que todo viene de Dios y que necesitamos de un Padre que nos alimente. Pero hay algo más que el simple privarse de comida: los profetas enseñaron que el verdadero ayuno que agrada a Dios, es privarse de pecar: ayunar del egoísmo siendo generosos, de la soberbia siendo humildes... ayunar tiene más sentido cuando nos privamos de algo que nos satisface y ofrecemos a Dios ese sacrificio. Significa realizar una entrega específica a cada momento. El ayuno opera en nosotros como agente de purificación, podemos utilizarlo para adoptar hábitos más saludables, para abandonar vicios y volvernos conscientes de ciertas situaciones. Así que si estás necesitando cambiar algo en tu vida, aprovecha el ayuno del tiempo de Cuaresma, no te olvides que todo se te facilitará porque cuentas con el apoyo de Dios.

Las obras de misericordia: cuando nos privamos de algo es para poder ayudar con más generosidad a los que no tienen nada. Así, el ayuno bien entendido lleva al cristiano a preocuparse por los más necesitados. El mandamiento de amar al prójimo como Cristo nos amó tiene mayor actualidad en el tiempo de Cuaresma. La imitación de la misericordia de Dios debe llevarnos a una efectiva reconciliación con todos y a una preocupación por las necesidades de nuestros hermanos. Un recomendable ejercicio cuaresmal será el de perdonar de corazón las ofensas recibidas, reconciliarse con todos los hermanos, de modo que al llegar a la Pascua no haya barreras ni distanciamientos. Vivir a fondo la oración, el ayuno y el amor a los demás significa cambiar el corazón, morir a todo lo que nos limita y empequeñece para resucitar con Cristo a una vida nueva y mejor. 

Por: Julio Alberto Garavito Palacios . Pbro.

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