IglesiaComudiscipulo“La Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón”. Estas fueron las palabras del Santo Padre durante la Audiencia General del pasado miércoles en la Plaza de San Pedro, en la cual dedicó su reflexión a la capacidad del cristiano de saber perdonar las culpas de los demás, reconociéndose pecador. “Hemos escuchado la narración evangélica de la llamada de Mateo. Por ser publicano, es decir, un recaudador de impuestos en nombre del imperio romano, era considerado por los fariseos un pecador público”, dijo Francisco, recordando que “Jesús, en cambio, invita a Mateo a seguirlo, y comparte su mesa con publicanos y pecadores, ofreciéndoles también a ellos la posibilidad de ser sus discípulos”. “Con estos gestos, les indica que no mira a su pasado, a su condición social o a los convencionalismos exteriores, sino que los acoge con sencillez y les abre un futuro”, explicó el Papa, afirmando que “esta actitud de Jesús vale también para cada uno de nosotros: ser cristianos no nos hace impecables”. “La Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón”, afirmó el Santo Padre, indicando que “la vida cristiana es, entonces, una escuela de humildad que se abre a la gracia, en la que se aprende a ver a nuestros hermanos a la luz del amor y de la misericordia del Padre”. En este sentido, tras afirmar que “nos reconforta contemplar a Jesús que no excluye a nadie”, Francisco recordó que “Él es el buen médico que se compadece de nuestras enfermedades. No hay ninguna que Él no pueda curar. Nos libra del miedo, de la muerte y del demonio. Nos hace sus comensales, ofreciéndonos la salvación en la doble mesa de la Palabra y de la Eucaristía. Estas son las medicinas con las que el Divino Maestro nos nutre, nos transforma y nos redime”. “Que el Señor Jesús nos alcance la gracia de mirar siempre a los demás con benevolencia y a reconocerlos como invitados a la mesa del Señor, porque todos, sin excepción, tenemos necesidad de experimentar y de nutrirnos de su misericordia, que es la fuente de la que brota nuestra salvación”, concluyó el Papa, quien, al término de la Audiencia, les anunció a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro su viaje de este fin de semana a la isla griega de Lesbos, junto al Patriarca de Constantinopla Bartolomé I y al Arzobispo de Atenas y de toda Grecia, Jerónimo II, para “expresar cercanía y solidaridad tanto a los prófugos como a los ciudadanos de Lesbos y a todo el pueblo griego, tan generoso en la acogida”. También el pasado domingo, en su alocución previa al Regina Coeli, el Santo Padre invitó a donarle a los refugiados y a los marginados la esperanza de Jesús Resucitado. En efecto, tras indicar que “también hoy la Iglesia continúa haciendo resonar el anuncio gozoso de la Resurrección”, Francisco indicó que “todos nosotros, los cristianos, estamos llamados a comunicar este mensaje de resurrección, especialmente a quien sufre, a quien está solo, a quien se encuentra en condiciones precarias, a los enfermos, a los refugiados, a los marginados”, y exhortó a hacerle “llegar a todos un rayo de la luz de Cristo Resucitado, un signo de su misericordiosa potencia”.

Fuente: Periódico Puente Boyacense Ed. 855

Por Álvaro Enrique Vargas Martino Corresponsal desde Roma