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PlanetaCuidaDisfrutamos de un mundo maravilloso, la majestuosidad de la tierra y su naturaleza no dejan de sorprendernos y más aún, vivimos con la satisfacción de que podemos existir gracias a ella, sí, a ella, fuente de aire, de agua, fuente de la que manan nuestros alimentos y además nos acoge para que la habitemos y vivamos felices.

Pero hay algo que es verdaderamente sorprendente, somos testigos de algo muy desagradable, pues ha llegado a tal punto nuestra ingratitud con la tierra que literalmente se ha perdido el amor por ella y su cuidado, y aún así, cuando se le ha masacrado, se ha mantenido fuerte y ha salvaguardado el principio de la vida, evidenciamos una degradación cada vez más grande de nuestra casa común, la tierra… pero qué la puede salvar?

La crisis no es del mundo, de la tierra, de la naturaleza, sino de la civilización que la administra, de cada uno de nosotros, “La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.” (LS 2) El verdadero enemigo de la Tierra, es el propio ser humano con su irresponsabilidad y falta de cuidado. Ahí está el problema, el desinterés y el descuido, la indiferencia y la desigualdad por la vida, la naturaleza y sus recursos, pero sobre todo por el ciego afán de dinero. Se pierde el sentido común, la delicadeza, la ternura, el espíritu de servicio, se pierde la inteligencia, racional, emocional y natural.

En concreto, ¿qué está pasando?. Es muy fácil y evidente la respuesta: se está desangrando la tierra, se están envenenando los suelos, se están infectando los aires, se están contaminando las aguas, se están destruyendo los bosques, se están exterminando muchas especies de animales y seres vivos, y además, se está imponiendo el reino de injusticia y violencia.

Ante la visión pobre de los tiempos modernos de la Tierra sin vida y sin propósito, debemos comprometernos a dejar de lado el paradigma de la conquista, que devasta la naturaleza y debemos proponer el paradigma del cuidado, que protege la naturaleza. El cuidado nos lleva a convivir amigablemente con todos los demás seres y a respetar los ritmos de la naturaleza. Debemos producir lo que necesitamos para vivir, pero con cuidado, dentro de los limites soportables de cada región y con la riqueza de cada ecosistema.

Ante la máquina de muerte de las armas de destrucción masiva: armas químicas, biológicas y nucleares que destruyen vida, tenemos que proponer una cultura de paz, de respeto a los derechos de la vida, de la naturaleza y de la Madre Tierra, la distensión y el diálogo entre los pueblos. En vez del gana-pierde, vivir el gana-gana, buscando convergencias en las diversidades. Esto significa crear equilibrio y generar el cuidado.

Ante la falta de agua potable, tenemos que cuidar el agua de la Tierra y cuidar los bosques y los páramos, pues son las protectoras naturales de todas las aguas. Cuidar del agua exige velar para que las nacientes estén rodeadas de árboles y todos los ríos tengan su vegetación de ribera, pues esta alimenta las nacientes. Lo que mejor podemos hacer siempre es reforestar.

Ante el calentamiento creciente de la Tierra que ha sido alterado por la excesiva intervención humana en todos los frentes de la naturaleza y de la Tierra, debemos buscar fuentes alternativas de energía, como la solar y la eólica, pues la fósil, el petróleo, el motor de nuestra civilización industrial, produce en gran parte dióxido de carbono. Tenemos que poner en práctica las distintas erres (r) de la Carta de la Tierra: reducir, reusar y reciclar, reforestar, respetar y rechazar las llamadas al consumo. Todo lo que pueda contaminar el aire debe ser evitado para impedir el calentamiento global.

“… Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción. Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra…”

Fragmento de la Oración por nuestra tierra. Papa Francisco.

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